Viaje de autor por Sabah, Baja Silesia, Polonia con Marisol Setien

Viaje a Baja Silesia, Polonia: castillos e historia

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Written by Marisol Setien

enero 18, 2026

Descubre qué ver en Baja Silesia, Polonia: castillos históricos y rutas culturales.

Castillo Zamek Kliczkow

Comenzamos nuestro viaje en Wroclaw (Breslavia), capital de la Baja Silesia. Iniciamos nuestro viaje en Varsovia ( esta ciudad merece un capitulo aparte porque hay muchas cosas que contar), cogimos un coche y nos dirigimos al oeste del país, Breslavia. En 5 horas llegamos a nuestro destino, bueno un poco mas hasta que encontramos la carretera correcta para llegar a Zamek Kliczkow, un espectacular castillo rodeado de bosques, jardines y extensos parques. El castillo del siglo XIII, combina estilos gótico y renacentista históricamente fue el hogar de familias nobles y actualmente es un hotel de lujo con piscina cubierta, spa, restaurante y diversas salas para organizar eventos. Es un lugar ideal para descansar, senderismo, ciclismo y paseos a caballo. Tiene una yeguada contigua al castillo con un hotel de 4 estrellas, mas sencillo que el alojamiento en el castillo pero igual de autentico.

Uno de los principales atractivos de la región para el visitante es descubrir los numerosos castillos y palacios que hoy en día se han reconvertido en fabulosos hoteles. Los espacios naturales son otro de los motivos para venir y descubrir esta parte de Polonia, destacan dos parques nacionales: Karkonosze y los montes Sowie y Kaczawskie, un auténtico paraíso para los amantes del senderismo, la bicicleta, la montaña y el esquí en invierno. En nuestro caso el viaje iba orientado a visitar castillos pero queda pendiente regresar para hacer trecking por las montañas.


Creación y diseño de viajes por Baja Silesia, Polonia

Recomiendo dormir, cenar y desayunar en un castillo, pasearlo, descubrir los rincones y la historias que cuentan las fotos colgadas en sus paredes.

Castillo de Ksiaz, una de las bases secretas de Hitler.

Abandonamos el castillo de Zamek Kliczków con destino al Castillo de Książ, situado a 120 km. En 1:30 llegamos al aparcamiento de este castillo. Este, uno de los más impresionantes de Baja Silesia, tiene sus orígenes en el siglo XIII, cuando fue fundado por el príncipe de Świdnica y Jawor. A lo largo de los siglos pasó por manos de importantes monarcas europeos, como el rey de Bohemia y el rey de Hungría y Croacia, hasta que en el siglo XVI fue adquirido por la familia Hochberg, que lo conservó durante casi 400 años. Su historia dio un giro dramático en 1941, cuando fue confiscado por el régimen nazi, en una época en la que Silesia formaba parte de Alemania.

El castillo se alza sobre un promontorio rocoso en medio de un frondoso bosque, a unos 10 km de Wałbrzych. Aunque es posible llegar en tren o autobús, lo más cómodo es hacerlo en coche y caminar 1 km hasta la entrada principal. Ya solo este paseo merece la pena: hay varios miradores que ofrecen unas increíbles vistas del castillo y de los bosques del entorno. Llegamos a la puerta principal, que nos dio acceso a una avenida con varias cafeterías, tiendas de souvenirs, un amplio paseo con fuentes y jardines, con lindas vistas hasta llegar al edificio principal. El recorrido dura unas 2 horas, visitando diferentes salas, aposentos, salones y hasta una sala de cine que proyecta un video con la historia del lugar.

Súper interesante resulta la historia de los túneles subterráneos excavados por los nazis dentro del Proyecto Riese, una red de galerías a gran profundidad que incluía ascensores y espacios destinados a un supuesto centro de mando, incluso con una suite pensada para Hitler. Durante la época nazi, el castillo estuvo bajo el control de las SS, después de que Heinrich Himmler lo arrendara en 1930 con la intención de convertirlo en un centro ideológico y de reuniones para sus altos mandos. Posteriormente se creo una gigantesca infraestructura subterránea en Silesia mediante trabajos forzados y en condiciones inhumanas, concebida como una posible fortaleza secreta y eventual cuartel general del Führer. Para acceder a estas galerías se construyó incluso un ascensor de unos 50 metros que conectaba el castillo con el interior de la montaña. Sin embargo, al parecer Hitler nunca llegó a utilizar este lugar y se refugió en la conocida “Guarida del Lobo”, también situada al este de Polonia. Nosotros probamos el ascensor y recorrimos algunos de estos túneles y laberintos, que hoy en día se utilizan para la filmación de series y documentales históricos.

Este pasado oscuro ha dado pie a numerosos mitos y leyendas, como la famosa historia del tren nazi cargado de oro, joyas y obras de arte que supuestamente desapareció en los túneles al final de la guerra. Aunque estas historias han generado búsquedas y teorías durante décadas, la realidad es que el castillo no fue un foco de resistencia, sino un símbolo del terror nazi y del sufrimiento de los trabajadores forzados que participaron en la construcción de estas infraestructuras subterráneas.

La tradición minera del centro de Europa.

La mina de Walbrzych.

Nos alojamos en la ciudad de Wałbrzych para visitar uno de los centros mineros más importantes de Europa durante el siglo pasado. Esta Antigua Mina de Wałbrzych (Stara Kopalnia) estuvo operativa hasta 1997 y hoy en día es uno de los mejores ejemplos de cómo el patrimonio industrial puede transformarse en un espacio cultural de primer nivel. Ubicada en la antigua mina de carbón Julia (Thorez), este complejo postindustrial conserva maquinaria original, los baños, la sala de la lámpara, los sistemas de elevación y evacuación de los mineros en caso de escapes de gas, los talleres, la torre mirador, así como instalaciones históricas y galerías que permiten comprender la dureza y la importancia del trabajo minero en la región.

Con la ayuda de antiguos mineros convertidos en guías, la visita va más allá de lo visual y se convierte en un auténtico viaje a la memoria industrial de la Baja Silesia, reconocido tanto a nivel patrimonial como turístico en toda Polonia.

Breslavia

Haciendo un poco de historia hay que tener en cuenta, que al igual que Varsovia y gran parte de las ciudades del país, Breslavia fue prácticamente arrasada durante la II Guerra Mundial. Posteriormente fue reconstruida basándose en antiguos planos y reutilizando los materiales que habían sobrevivido al conflicto. Visitamos la Plaza del Mercado, situada en pleno centro histórico, una zona animada y llena de vida, con músicos callejeros, puestos de flores, terrazas y los famosos enanos de bronce repartidos por esquinas, plazas y calles. Una parada obligatoria es la Basílica de Santa Isabel de Hungría, de estilo gótico y construida en ladrillo en el siglo XIII. Elegante y sobria, destaca por su gran belleza y por su torre de 91 metros con reloj, que durante siglos fue un punto de referencia para comerciantes, viajeros y habitantes que miraban al cielo para orientarse

La iglesia de Jawor, una de las iglesias de la Paz

La Iglesia de la Paz de Jawor es uno de los monumentos más singulares de Polonia y un símbolo de tolerancia religiosa en Europa. Fue construida en el siglo XVII tras la Paz de Westfalia (1648), que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y permitió a los luteranos de Silesia levantar templos bajo estrictas condiciones impuestas por los Habsburgo: debía construirse fuera de las murallas de la ciudad, sin torre ni campanas, y únicamente con materiales no duraderos como madera, barro y paja, no podían utilizar clavos para la construcción.

El exterior no es tan impresionante como el interior, dentro te quedas sin palabras ante la decoración y la majestuosidad de los grabados, las imágenes, la decoración y el colorido conseguido a partir de combinar la madera, paja y pintura, una verdadera maravilla. El Altar barroco es realmente impresionante, las pinturas bíblicas y los escudos son otro de los grandes atractivos, realmente es una belleza, data de 1654 y tiene una capacidad cientos de fieles.

Gracias a su extraordinario valor histórico, arquitectónico y simbólico, la Iglesia de la Paz de Jawor fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001, y hoy es uno de los testimonios más impactantes del pasado religioso y cultural de Baja Silesia.

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