Archipiélago de Svalbard: los guardianes de la biodiversidad
Aterrizar en el aeropuerto noruego de Svalbard Longyear es, por sí solo, toda una aventura. Después de varios movimientos bruscos durante el descenso, el paisaje se abre de repente ante nosotros: enormes montañas blancas aparecen frente a un mar de un azul oscuro e intenso. Tenemos la sensación de estar llegando al fin del mundo. Y no es una exageración: el archipiélago de Svalbard está a apenas 1.000 km del Polo Norte.
Incluso antes de tocar tierra, algo nos llama poderosamente la atención: la señal luminosa del famoso Banco de Semillas, visible en mitad de una de las laderas que dan a las instalaciones del aeropuerto. La imagen es sorprendente, casi futurista.
¿Cómo llegar, qué comer y donde alojarse?
Operan únicamente dos compañías, SAS Airlines y Norwegian Airlines, con vuelos vía Oslo, Copenhague o Estocolmo y escala en Tromsø donde hay que desembarcar, pasar control y volver a embarcar. En algunas temporadas también existe vuelo directo desde Oslo a Longyearbyen.
El traslado hasta Longyearbyen, la ciudad administrativa del archipiélago, nos llevó unos 15 minutos.
La isla cuenta con ocho hoteles de 2, 3 y 4 estrellas. Nosotros nos alojamos en el Funken Lodge, un precioso alojamiento boutique situado al final del pueblo, sobre una pequeña colina, con una gastronomía excelente, un trato muy personalizado y la famosa «champagne cellar», una histórica bodega que alberga la selección más amplia de champagnes de Noruega, además de vinos vintage de productores de todo el mundo, especialmente de viñedos emblemáticos como los de Bordeaux.
En cuanto a gastronomía, la calidad es realmente sorprendente teniendo en cuenta el lugar del mundo en el que nos encontramos. Todos los productos llegan por barco o avión semanalmente, así que disfrutar de frutas, verduras u otros productos frescos es todo un lujo.
Hacemos una mención especial al restaurante Huset, dirigido por el chef español Alberto Lozano Avilés y considerado uno de los mejores restaurantes del Ártico. Durante nuestra visita supimos que incluso Tom Cruise fue comensal habitual mientras rodaba su última película en la ciudad. El restaurante está ubicado en un antiguo edificio de 1940, construido originalmente para alojar a los dueños de la empresa minera de carbón Store Norske, y que durante más de 70 años fue el principal punto de reunión de la comunidad. Hoy en día, el edificio alberga un cine, una iglesia, una escuela, una cafetería y una impresionante bodega con más de 20.000 botellas de vino.
¿Qué ver en Longyearbyen?
NATURALEZA en su estado más puro. Según la época del año, las actividades y la vida en Svalbard cambian por completo. Este lugar fascinante disfruta del sol de medianoche, es decir, luz las 24 horas del día durante tres meses de verano, de abril a agosto. La luz regresa de forma gradual desde finales de febrero hasta abril, y a partir de octubre hasta febrero comienza el invierno polar, meses de oscuridad total. Las noches suelen ser despejadas y frías, lo que ofrece una oportunidad extraordinaria para contemplar auroras boreales.
Nosotros viajamos a principios de febrero: oscuridad total y temperaturas de –10 ºC, aunque la sensación térmica era aún más baja por el viento polar, con ráfagas heladoras que en ocasiones hacen que la población y la actividad se paralicen. En esos casos, tanto la ciudad como sus apenas 2.400 habitantes están completamente acostumbrados y entrenados para vivir estas situaciones con naturalidad. Nosotros lo vivimos como la gran “expedición” de nuestras vidas
Otra de las cosas que hicimos durante nuestra estancia fue visitar el Museo de Svalbard , precioso lugar, allí pudimos conocer más a fondo la historia de la minería, aprender sobre la naturaleza del Ártico, los osos, renos, zorros y la fauna local, así como sobre las costumbres de la región. Especialmente interesante fue descubrir la cultura del carbón y las expediciones al Polo Norte. Nosotros íbamos completamente equipados para combatir el frío, mientras veíamos cómo aquellos exploradores se enfrentaban a sus travesías con simples trineos, calzado de piel de foca y ropa que apenas les protegía de las temperaturas extremas. Resulta impresionante imaginar cómo lograban avanzar en un entorno tan hostil, guiados solo por las ganas de descubrir lo desconocido
El «Arca de Noe» de las plantas.
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, fue inaugurada en 2008 financiado, creado y gestionado íntegramente por el gobierno noruego está situada en la ladera de una montaña muy cerca del aeropuerto, las condiciones de temperatura estables, el permafrost (tierra permanentemente congelada) entre -4 y -7 grados permiten las condiciones para una conservación estable, vaya que es como un gran congelador.
Esta instalación fue concebida como un depósito seguro para resguardar semillas de cultivos esenciales frente a posibles catástrofes globales, como guerras nucleares o pandemias, con el objetivo de preservar la seguridad alimentaria del planeta, pero debido al cambio climático parece ser que han tenido problemas de mantenimiento y han tenido que añadir generadores extras.
La entrada iluminada con luces led, impacta, da la impresión de llegar a una nave espacial en mitad de una montaña nevada, impone saber que dentro hay 1.3 millones de variedades procedentes de bancos genéticos de todo el mundo, y que puede ser el futuro de la humanidad. La bóveda se abre solo unas pocas veces al año, a fin de mantener las condiciones adecuadas para su conservación. Todos los años se van añadiendo semillas recién recolectadas provenientes de diferentes partes del mundo, en octubre del 2024 se incluyeron mas de 30.000 nuevas variedades de maíz, frijol, calabaza procedentes de India, Malí, Perú, Estados Unidos, Palestina y Sudan. Como mencionaba anteriormente, solo se puede visitar por fuera del recinto, llegar hasta la misma puerta de entrada y disfrutar de las espectaculares vistas de la bahía.
Archivo Mundial del Ártico ¿objetivo? : preservar la memoria del mundo
A un par de kilómetros de la Bóveda de las Semillas se encuentra la mina número 3, una de las siete minas de carbón que fueron explotadas en la zona y que hoy en día está convertida en museo. Comenzamos la visita con una guía cuya familia había trabajado en la extracción de carbón durante varias generaciones. Para acceder a los túneles, primero te entregan un casco, una linterna y un mono para mitigar las bajas temperaturas. Durante el recorrido, de casi dos horas, entramos en los túneles originales, observando la maquinaria y los equipos de minería que se utilizaban, así como las diferentes vetas de carbón. Una visita sumamente interesante.
Uno de los puntos más destacados fue llegar, a unos 300 metros de profundidad, a la entrada del Archivo del Ártico, un refugio concebido para custodiar la memoria de la humanidad, en soportes de pelicula fotosensible, la información que nos dio la guía la contare en otro post porque realmente es muy interesante.
Que hacer 4 días en Spitbergen
- Trineos de perros y motos de nieve
- Visita de las cuevas de hielo. Vehículo de orugas.
- Cruceros y expediciones.
- Excursiones de pesca. Avistamiento Auroras Boreales. Visita pueblo Pyramiden, pueblo minero sovietico actualmente abandonado y congelado en el tiempo.
De todas las actividades que hicimos, el safari nocturno en SnowCat en busca de las auroras boreales, que no aparecieron, fue una experiencia brutal, salimos de la puerta del hotel Radisson en un camión adaptado para unas 10 personas, nos dirigimos al valle de Adventalen a las afueras de los limites de la ciudad, guía y conductor armados con un rifle por si aparecía algún oso , que con la oscuridad de la noche podría darse el caso de tenerlo en frente y no verlo.
Una vez en la llanura helada en mitad de la noche y con una leve luz en el horizonte, solo se oía el sonido del fuerte viento y el crujir del hielo bajo los pies, tienen preparadas unas cabañas donde al calor de una fogata el guía va narrando la historia del lugar y simplemente relata como es el día a día en un lugar tan inhóspito, acompañados de un vino caliente, nos encanto la experiencia. Hicimos la excursión con Hurtigruten Svalbard y fue increíble.
La idea es regresar de nuevo en verano. Una aventura increible.