Viajar a Omán es una experiencia diferente : cañones, playas, desierto, cultura y autenticidad.
Ya desde el avión, al sobrevolar Mascate antes de aterrizar, se nota que llegamos a un lugar muy diferente de lo que esperaríamos si pensamos en otras capitales del golfo como Dubái, Doha o Abu Dhabi. Allí predominan los skylines imponentes, el lujo y las obras gigantescas; en cambio, Mascate aparecía como una ciudad de cuento.
La ciudad se divide claramente en dos áreas. Por un lado, la ciudad vieja, un antiguo puerto rodeado de montañas, con edificios bajos y casas blancas en los que solo los minaretes azules de las mezquitas rompen la uniformidad. Nuestro guía nos contó que esta imagen se ha conservado porque el sultán prohibió construir edificios de más de siete plantas en todo el país. Por otro lado, está la ciudad nueva, con grandes avenidas y edificios modernos, donde destacan la Gran Mezquita del Sultán Qaboos, la Ópera Real y el Museo Nacional.
Comenzamos la visita en el zoco de Mutrah, justo frente al paseo de la corniche y el mar Arábigo. Durante el paseo nos encontramos con varias de las callejuelas del zoco inundadas de agua, porque habían decidido limpiar el suelo, que estaba muy polvoriento. Acabamos empapados, así que optamos por sentarnos a tomar un café en una terraza frente al mar. Fue una forma perfecta de terminar la tarde, viendo la puesta de sol y las embarcaciones de lujo fondeadas en el puerto.
En cuanto al zoco, como en todos, uno puede perderse por las callejuelas, entre cientos de tiendas que venden incienso, oro, cerámica o recuerdos. Es, sin duda, uno de los más antiguos del país, y lo mejor es dejarse llevar.
Itinerario de 6 días por Omán: Montañas Jebel Akhdar, Nizwa, desierto Wahiba, sur y playas de Salalah.
Al día siguiente partimos en 4×4 hacia las montañas de Jebel Akhdar. Nuestro destino era el hotel Anantara Jabal Akhdar, perteneciente a a cadena Minor (Grupo NH) a unos 230 kilómetros de Mascate. El trayecto asciende por carreteras de montaña que van dejando atrás pueblos pequeños, terrazas de cultivo y valles cada vez más profundos. La zona forma parte de la cordillera Al Hayar, una de las más espectaculares de Omán, conocida por sus pendientes abruptas, su clima más fresco y sus panorámicas abiertas.
El hotel está situado en el borde del gran cañón de la “Montaña Verde” (Jebel Akhdar), a 2.000 metros de altitud, es uno de los cinco estrellas del mundo ubicados a más altitud. Un enclave completamente aislado, rodeado de acantilados, terrazas agrícolas y plantaciones de rosas regadas por los antiguos sistemas de canales llamados Felaj. Desde allí, las vistas del cañón y de las montañas Al Hayar son impresionantes.
Además de ser uno de los hoteles más icónicos del país, tiene una historia muy conocida asociada a la familia real británica. En 1986, cuando el acceso a la zona solo era posible para vehículos militares, el príncipe de Gales y la entonces princesa Diana llegaron en helicóptero ya que fueron invitados a conocer Jebel Akhdar. Subieron hasta el mismo mirador donde hoy se encuentra parte del resort, el Príncipe se dedicó a pintar el paisaje, mientras que Diana prefirió leer un libro mientras disfrutaba de las vistas, actualmente hay un mirador acristalado donde se pueden organizar cenas, almuerzos o disfrutar de las vistas.
Nizwa, capital espiritual del país
Desde Jebel Akhdar seguimos ruta hacia Nizwa, a unas dos horas por una carretera en muy buen estado. La ciudad aparece al pie de las montañas, en una encrucijada que siempre ha conectado el interior del país con las rutas comerciales que atravesaban Omán. Fue capital durante los siglos VI y VII, y todavía conserva ese peso histórico que se nota en cuanto llegas.
A Nizwa se la denomina así porque desde aquí se extendió el islam ibadí, una corriente anterior a la división entre sunitas y chiitas. Es una rama muy ortodoxa en lo religioso, pero sorprendentemente abierta y tolerante con otras creencias. Al final, Omán siempre ha sido un punto de encuentro: sus puertos recibían marineros, comerciantes y viajeros que intercambiaban productos, ideas y formas de entender el mundo.
Llegamos en viernes y vimos el mercado de animales donde compradores y vendedores van cerrando tratos mientras dan vueltas alrededor de la plaza porticada. A pocos pasos del mercado se encuentra el Fuerte de Nizwa, la fortaleza más emblemática de la ciudad. Su torre circular, enorme y maciza, domina todo el conjunto. Fue construido en el siglo XVII para proteger la región y controlar las rutas comerciales. Pudimos recorrer los pasillos estrechos, patios interiores y estancias sencillas, con explicaciones sobre la vida cotidiana y las estrategias defensivas de la época. Desde lo alto de la torre, las vistas del zoco, las palmeras y las montañas que rodean la ciudad completan una imagen muy clara de lo que fue —y sigue siendo— este lugar clave en la historia del país.
Que visitamos en nuestro viaje a Oman
- El antiguo puerto de Mascate y su hermosa ciudad blanca.
- Las montañas de Jebel Akhdar y el desierto de Wahiba.
- Nizwa, capital espiritual del país y Felaj, el sistema de regadío que es Patrimonio de la Humanidad.
- Las hermosas playas de Salalah, aquí les dejo una foto de la villa del hotel Al Baleed Resort Salalah by Anantara
Después de la visita al pueblo de Niwa nos dirigimos al desierto de Wahiba, nuestro destino estaba a unas 2 hrs en coche, el campamento de Magic Camp Wahiba , un campamento ecológico de lujo en pleno desierto de Oman, con un enfoque glamping combina el lujo con prácticas ecológicas, desde el uso de energía solar y materiales sostenibles hasta la minimización de residuos y el consumo de agua, por ejemplo no hay duchas, te proporcionan agua caliente en un recipiente y te vas echando según tus necesidades, realmente único. Hicimos varias actividades, paseo en camello, deslizamiento por las dunas, yo hice una ruta en bicicleta por los alrededores y por supuesto las maravillosas puestas del sol de desierto que son únicas, esto unido a una excelente gastronomía y servicio convierten a este tipo de alojamientos en una experiencia memorable.
Regresamos a Mascate para visitar la Gran Mezquita del Sultán Qaboos y la Ópera. No sabría decir cuál me impresiono más, creo que fue la Ópera, inspirada en la tradición italiana del siglo XVI, es uno de los grandes centros de música clásica del mundo árabe. La mandó construir el sultán Qaboos y el proyecto lo desarrolló un estudio británico, creando uno de los edificios más llamativos de la capital. Además de la sala principal, el complejo incluye restaurantes, un pequeño mercado y un espacio artístico que completa la visita
De ahí tomamos un vuelo de una hora hacia el sur del país: Salalah, la capital de Dhofar, una ciudad que cuenta una historia muy diferente al resto de Omán. En el extremo sur, esta región tiene un clima único: el mar Arábigo aporta una humedad que transforma el paisaje en verde durante la temporada del monzón, mientras el resto del país sigue bajo el calor. Es un contraste sorprendente y uno de los grandes regalos de la naturaleza en esta zona.
Con unas playas únicas, nuestro destino era el hotel Al Baleed Resort Salalah by Anantara. Nos alojamos en sus increíbles villas de más de 170 m² con vistas a los jardines, una auténtica locura de lugar.
Visitamos Al-Baleed, el Parque Arqueológico Patrimonio de la UNESCO, y el Museo de la Tierra del Incienso, ambos muy cerca uno del otro. Allí pudimos ver instrumentos y piezas que muestran el legado artístico, histórico y cultural de Omán