Viaje de autor por Portugal con Marisol Setien

Que hacer en Madeira en 7 días

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Written by Marisol Setien

octubre 16, 2025

Lo que debes saber para planificar tu viaje

Con una semana en la isla tienes tiempo suficiente para recorrerla de sur a norte y dejarte llevar por su encanto a tu propio ritmo. Cada rincón guarda una sorpresa distinta, por eso conviene planificar bien las rutas y dividir el alojamiento entre el sur y el norte: así podrás disfrutar de dos almas diferentes de un mismo lugar.

Organiza tus días en medias jornadas, sin prisas, y consulta siempre la previsión meteorológica antes de adentrarte en las montañas. El clima aquí es caprichoso: puede que amanezcas bajo un cielo gris junto al mar y, unas curvas más arriba, el sol te reciba con un horizonte despejado y brillante. Es parte de la magia de la isla, ese cambio constante que la hace tan viva.

Las carreteras serpentean entre paisajes impresionantes y están en muy buen estado, por lo que llegarás fácilmente a los puntos de inicio de las rutas señalizadas, muchas con zonas de aparcamiento. Eso sí, conduce con calma y disfruta del trayecto: algunas pendientes quitan el aliento, pero las vistas lo compensan con creces.

5 rutas que no puedes perderte

01.PR-8 Senderismo Punta de São Lourenço

Desde el momento en que aterrizas, puedes ver desde el aire esta península salvaje situada en el extremo más oriental de la isla: la Punta de São Lourenço. Es una de las rutas más populares y, sin duda, una de las más impresionantes. Si la anotas en tu cuaderno de viaje como una de las primeras para hacer, no te defraudará: su paisaje te dejará sin palabras.

La Vereda da Ponta de São Lourenço es un sendero de unos 7 kilómetros, rodeado de mar por ambos lados. A lo largo del camino disfrutarás de vistas espectaculares, donde la luz, el viento y el océano se combinan para crear un contraste de colores casi irreal, con un ambiente que recuerda a un paisaje lunar. A medida que avanzas por las pasarelas y el sendero, aparecen los acantilados rojizos y las panorámicas del Atlántico que te dejarán sin aliento.

Es fundamental ir bien preparado: lleva calzado cómodo, agua, sombrero y protector solar. Este es uno de los pocos rincones de la isla sin vegetación exuberante ni sombra, por lo que estarás totalmente expuesto al sol y al viento. Además, el clima puede cambiar rápidamente, así que conviene ir prevenido.

Para llegar en coche hasta el punto de partida de la ruta, debes dirigirte a Caniçal, a unos 40-45 minutos desde Funchal. Allí encontrarás un pequeño aparcamiento donde dejar el coche, además de varios food trucks con refrescos y comida, perfectos para reponer fuerzas al final del recorrido.

02. Santana, Pico Ruivo y mirador Rocha do Navío

Situado en la costa norte, Santana es uno de los pueblos más pintorescos y encantadores de la isla. Su fama se debe a las tradicionales y coloridas casas de techo de paja con forma triangular, que parecen sacadas de un cuento. Estas construcciones datan de los siglos XV y XVI y eran las viviendas típicas de los madeirenses de la época. Hoy, si te das un paseo por el pueblo, verás que, más allá del recinto preparado para los visitantes, muchos locales todavía conservan este tipo de casas en sus jardines, como una forma viva de mantener la tradición, la cultura y la arquitectura de sus antepasados.

Desde Santana parte la carretera que te lleva hasta Achada do Teixeira, punto de inicio de la ruta hacia el Pico Ruivo, el techo de Madeira con sus 1.862 metros de altura. La caminata tiene unos 6 kilómetros de recorrido (ida y vuelta) y una dificultad entre moderada y exigente. Encontrarás tramos empinados, escaleras y un sendero empedrado casi en su totalidad. Completarla te llevará alrededor de tres horas, dependiendo del ritmo y de las paradas que hagas para contemplar las vistas —y querrás hacer muchas, porque los paisajes, la flora y la fauna te dejarán maravillado. Te recomiendo comenzar temprano: ver cómo las nubes se disipan lentamente para descubrir un horizonte de montañas y luz es una experiencia que no olvidarás.

Por la tarde, puedes regresar por la misma carretera hasta Santana y, a apenas un par de kilómetros, hacer una última parada en el Mirador Rocha do Navio. Desde allí, un pequeño teleférico desciende hasta las huertas al nivel del mar, ofreciéndote una vista espectacular de los acantilados y de una cascada que cae directamente al océano. Es el broche perfecto para un día lleno de naturaleza, historia y belleza atlántica.

03. Pico Arieiro, un paseo por encima de las nubes

Cómo no, esta es la ruta por excelencia de la isla, una de esas experiencias que tienes que vivir al menos una vez. El recorrido comienza en el vértice donde se alza la cúpula militar, visible desde distintos puntos de Madeira, y que además funciona como un espectacular mirador desde el que puedes contemplar toda la línea de cumbres. En este punto encontrarás dos aparcamientos, un restaurante y una pequeña tienda de souvenirs, perfectos para prepararte antes de empezar la caminata.

La vereda está en muy buen estado: el camino empedrado cuenta con asientos de piedra a los lados —muy útiles para descansar en el regreso— y barandillas en las zonas más vertiginosas. Durante el recorrido pasarás por el Mirador do Ninho da Manta, desde donde se divisan el valle de Fajã da Nogueira, São Roque do Faial y parte de la impresionante cordillera central.

Desde allí, el sendero continúa en dirección al Pico Ruivo. Bordearás el Pico das Torres y afrontarás varias subidas y bajadas antes de alcanzar la parte final, que conduce hasta el refugio del Pico Ruivo. Aunque se considera una ruta de dificultad media, es perfectamente asumible si vas con calma y disfrutas del paisaje a cada paso.

Además de las panorámicas que te acompañarán todo el camino, podrás descubrir cuevas excavadas en la toba volcánica, aves endémicas y una flora única, con joyas como la violeta de flor amarilla o las orquídeas de roca. Cada tramo de la vereda te regala un motivo más para enamorarte de la isla y de sus paisajes imposibles.

04. Puerto Moniz y Seixal, piscinas naturales al borde del mar

En la costa norte de la isla encontrarás uno de los lugares más fascinantes de Madeira: las piscinas naturales de Seixal, conocidas como Poça das Lesmas. Son realmente asombrosas, su característica más impresionante es el arco de lava, una obra natural esculpida por el tiempo. El acceso a una de las piscinas pasa justo por debajo de este arco: ¡una experiencia única, nadar bajo la roca volcánica! La entrada cuesta unos 2 euros por persona e incluye acceso a duchas, aseos y una pequeña cafetería. Puedes dejar el coche en el paseo marítimo del pueblo y bajar andando por un sendero algo empinado, pero las vistas al llegar lo compensan con creces.

Las piscinas cuentan con dos zonas principales: la del famoso arco y otra con acceso en forma de cala, perfecta para un baño más tranquilo. Desde allí, podrás contemplar una de las playas más hermosas de esta parte de la isla: la Praia do Porto do Seixal, una playa natural de arena negra, enmarcada por acantilados cubiertos de vegetación. No es muy grande, pero su arena oscura, las rocas volcánicas y una pequeña cascada que cae junto a la orilla crean una estampa mágica.

Otra opción cercana es la Praia da Laje, una cala de tamaño medio donde puedes relajarte con el sonido de las olas rodando sobre los guijarros. Es un rincón poco conocido y tranquilo, perfecto para disfrutar del mar en calma., una playa sin vigilancia, sin instalaciones, totalmente virgen ideal para conectar con el mar y la calma.

Antes de seguir tu ruta, no te pierdas una parada en el Miradouro Véu da Noiva, uno de los miradores más espectaculares de Madeira. De camino a Porto Moniz encontrarás un pequeño aparcamiento junto a la carretera principal. Desde allí, podrás admirar los acantilados cubiertos de vegetación y una cascada que cae directamente al mar, creando la imagen del “velo de una novia” que da nombre al mirador. No es posible acercarse más, pero la vista desde la plataforma es sencillamente sobrecogedora.

A pocos kilómetros de Seixal se encuentra Porto Moniz, una localidad más grande y animada, famosa también por sus piscinas naturales. Aunque suele haber más visitantes, merece la pena dar un paseo por el paseo marítimo, disfrutar de las vistas de las piscinas de lava y contemplar el islote que se alza frente a la costa.

Ese islote, conocido como Ilhéu Mole, es una cúpula de lava de tonos anaranjados que poco a poco la erosión va transformando. En lo alto encontrarás el Faro do Porto Moniz, una pequeña torre blanca de apenas tres metros, pero situada a 62 metros sobre el nivel del mar, desde donde proyecta su luz sobre el Atlántico.

05. Bosque de Fanal y Levada 25 fontes

La Vereda de Fanal forma parte del mágico bosque de Laurisilva de Paul da Serra, una joya natural declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este lugar, con árboles que alcanzan hasta 500 años de antigüedad, es un auténtico santuario de vida y misterio que cautiva a todo aquel que lo visita.

El Laurisilva es un bosque ancestral que, hace siglos, cubría gran parte del sur de Europa. Hoy, sobrevive en muy pocos lugares del planeta, y Madeira es uno de ellos, junto con las Azores y Canarias. Caminar por Fanal es como adentrarte en un fragmento del pasado, un rincón donde el tiempo parece haberse detenido.

Al internarte en el bosque, sentirás que entras en un cuento de hadas. Las ramas retorcidas, los troncos huecos y las formas caprichosas de los árboles crean una atmósfera mágica, casi irreal. El silencio, roto solo por el viento y los pasos sobre la hierba húmeda, te invita a desconectar de todo.

Fanal se encuentra a unos 45 km de Funchal, aproximadamente una hora en coche. La carretera está en buen estado y el aparcamiento es fácil de localizar si buscas “Fanal Parking” en Google Maps.

Hay muchas maneras de descubrir este lugar fascinante: puedes seguir alguna de las rutas señalizadas o, nosotros decidimos simplemente, dejarnos llevar y perdernos entre los árboles, observando cómo las vacas pastan tranquilamente en los prados verdes y disfrutar despacio de este bosque de Laurisilva con helechos, musgos, árboles centenarios, retorcidos, de diferentes tonos de verde, marrones … fue una gran experiencia y eso que llegamos a las 10 de la mañana y nos encontramos un día claro y soleado, buscábamos un bosque nublado y fantasmal, pero para eso hay que ir muy temprano pero aun así es una visita imperdible en la isla.

“Madeira es un jardín suspendido entre las nubes y el océano.”

Miguel Torga (escritor portugués)»

En definitiva, la isla de Madeira es una verdadera joya. Es un sitio increíble y diverso con muchos paisajes diferentes para explorar. Se pueden hacer cientos de excursiones en la isla, y la Vereda do Ponta de Sao Lourenço al amanecer es una de nuestras favoritas. Así que no olvides añadir esta ruta a tu lista para cuando visites la isla de Madeira.

Si vas a realizar por tu cuenta la ruta, es imprescindible consultar antes la página web de Visit Madeira (www.visitmadeira.com) y

Esperamos que este artículo te inspire y te ayude a planificar tu visita a esta zona de Portugal. Si tienes cualquier pregunta o recomendación no dudes en dejarnos un comentario aquí o contacta conmigo en redes sociales @marisolsetien

Lugares escondidos

La gran ventaja de descubrir un destino en coche es que te permite descubrir lugares que no tenias contemplados en la ruta, eso nos ha ocurrido en varias ocasiones, lugares como el Mirador do Guindaste, situado en la zona noreste de la isla y donde el mar se pierde en el horizonte, o la Playa do Faial, escondida entre acantilados, y la Capela de Nossa Senhora de Fátima en São Vicente, que se alza entre montañas y nubes.

Tres lugares únicos , unidos por una misma sensación: la de estar frente a lugares más puros de la isla.

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